Continuando la anterior nota escrita “Argentina: País farandulesco y adolescente” , se ha dado largada al programa de Tinelli con un arranque de 37 puntos de rating, algo impresionante para estos tiempos de la TV argentina. Podríamos analizar esto desde la lente exitista y decir que Tinelli es un fenómeno increíble que se reinventa a si mismo cada año, y contra todo pronostico, logra los mejores puntos de rating y los sostiene a lo largo de más de 20 años. En verdad desde ese enfoque, y en honor a la verdad, Tinelli es un showman que ha trabajado arduamente en crear un show con todos los condimentos que excitan al televidente argentino: escándalos, bailes sensuales, agresiones, descalificaciones y chismes, adobados con la gelatinosa idea de hacer el bien por una causa honorable y generosa.

Aunque también, y es el propósito de este articulo, es introducir la lente psicológica, para comprender el fenómeno de Tinelli y porque se mantiene a lo largo de tantos años en Argentina. Veamos las razones mas claras por las cuales como país seguimos eligiendo consumir al ”fenómeno” de Tinelli

  1. Tenemos una inteligencia emocional colectiva adolescente: Como argentinos nos gusta transgredir y hemos hecho de eso un acto cultural aceptable. Ya no nos asusta ni escandaliza ciertas actitudes de referentes públicos, políticos y mediáticos. Más bien caemos en un sopor y nos olvidamos. Frente a eso, Tinelli y sus actitudes de cancherito seductor, encajan con el imaginario colectivo argentino del “ídolo canchero y capanga” que sobra a los demás. Sin ir mas lejos, en la presentación de la nueva edición de “Bailando por un sueño”, aparecieron políticos prestándose al ridículo, como si fuese adecuado que la función política sea graciosa en Argentina.

  1. Nos hemos habituado a una degradación moral: Aunque suene cliche, el paso de los años ha ido degradando la cultura en Argentina a nivel mediático, con lo cual han proliferado los programas de chimentos. El programa de Tinelli ha ido subiendo la apuesta por lo chabacano, agresivo, escandaloso y sexual. Frente a eso, ha habido voces de repudio, que luego fueron acallándose a medida que la “matrix argentina” ha ido predominando. Conclusión, Tinelli apuesta fuerte por un coctel que sabe que como argentinos podemos rechazar, hasta vernos seriamente perjudicados, pero en un nivel intimo nos entretiene y nos distrae de los terribles sucesos de corrupción que están aconteciendo sin explicaciones adultas ni responsables a los habitantes.

  1. Admiramos la viveza y arrogancia: Si vamos a otro país, podemos identificar fácilmente a un grupo de argentinos, por la manera sobradora de querer resaltar y lucirnos como si fuésemos los vivos y estuviésemos de vuelta de todo. Tinelli encarna esto con suma habilidad, luciendo dotes de titiritero que manipula hábilmente todo, para que haya peleas, conflictos y el, hombre tierno y dulce, se corre a un lado. Resultado: un show con poco aprecio del baile, y mucho escándalo mediático que deja pegado al televidente sin capacidad de razonar.

  1. Nos gusta ser maltratados: Hemos estado bajo un gobierno kirchnerista que ha hecho el culto al maltrato, prepotencia y violencia, encima que han robado de manera aberrante. El jurado del programa de Minelli encarna esas características, maltratando a bailarines y haciendo de eso un show. Resultado, el televidente cree que es normal el agravio, la descalificación y agresión hacia otro. Todo queda manchado. Nadie sale indemne.

  1. Tenemos un nivel de insatisfacción sexual colectiva: seamos sinceros…si realmente cada uno se conectase con amor y  placer en el sexo… ¿cual sería la necesidad de mirar un programa que vende sexo y sensualidad a nivel berreta? Como psicólogo encuentro que las personas que destinan tiempo a mirar Bailando por un sueño cada noche, pueden adolecer de placer en sus vidas y por eso, pueden quedarse durante hora y media, viendo ese programa. En vez de mirar sexualidad barata, ¿porque no la practicamos en nuestra vida?

Por supuesto esta nota no es contra Tinelli. El no es culpable de esto que nos sucede. Somos nosotros quienes apostamos  por su figura y alimentamos nuestro propio ego, arrogancia y viveza criolla, sin darnos cuenta que eso nos perjudica. Ver a Tinelli puede se un entretenimiento aparentemente inofensivo que esconde nuestra propia inmadurez como nación.

 

Lic. Pablo Nachtigall- Psicólogo clínico

www.pablonachtigall.com